martes, 20 de mayo de 2025

Por fin


 

Hoy, por fin, tengo la fuerza para decir adiós.

Hoy, por fin, aunque las lágrimas me nublen la vista,

Puedo soltar a quien un día fue mi amor.

 

¿Por qué tuvo que terminar así?

O mejor aún… ¿por qué tuvo que terminar?

Contigo me soñé una casa en el campo,

caminatas de la mano,

un refugio en el tiempo,

arrugas compartidas en la vejez.

 

Pero elegiste hacer justo eso que te decía que dolía.

Una y otra vez.

 

Hoy siento como se me deshacen los sueños entre los dedos,

y aunque mi corazón aún late por ti,

no puedo quedarme donde eligen romperme.

no puedo seguir recogiendo los pedazos de mí

como si amar fuera sobrevivir.

 

Contigo, el amor se me rompió tantas veces…

y nunca, nunca te dolió.

Decías que no era intencional,

pero sabias lo que hacías.

Lo hacías con cautela, con cuidado,

como quien oculta la herida que aún está abierta.

Como quien juega a que el otro no vea

el daño que sangra en silencio.

 

Dios mío…

¿Por qué dejé que me doliera tanto?

¿Por qué caminé descalza sobre cristales esperando que algún día dejaran de cortar?

¿Por qué acepte migajas cuando mi alma clamaba por un banquete de amor?

¿Por qué no supe amarme con la misma ternura con la que lo amaba a él?

 

Yo, que he sido fuerte frente a las tormentas,

me quedé en silencio ante el amor.

Me apague,

me hice pequeña,

me doblé para encajar

en un lugar donde nunca fui vista del todo.

 

Ayúdame, Dios…

Ayúdame a juntar mis pedazos con tus manos,

a secar esta lluvia que llevo adentro,

a cerrar la puerta sin mirar por la rendija.

 

Enséñame a soltar sin culpa,

a no volver a romperme

para sostener lo que no me sostiene.

Ayúdame a elegirme,

a abrazarme con compasión,

y a volver a florecer

aunque este invierno haya dolido tanto.

 

En camino hacia el desamor

Dejar de amar es como caminar descalza sobre cristales:

cada paso revela una herida que no sabíamos que teníamos.

Nos volvemos vulnerables,

con la piel del alma tan delgada

que el más leve suspiro del viento

nos desgarra por dentro.


Aun así, en medio del dolor,

titila una diminuta luz,

como una luciérnaga extraviada en una noche sin luna.

¿Será esperanza? ¿O sólo la terquedad del corazón

que insiste en creer que tal vez,

algún día, la primavera volverá a florecer

entre los escombros de esta historia?


Pero entonces me llegan sus palabras,

esas burlas disfrazadas de chiste

que erosionaban mi cuerpo,

como el mar que golpea incansable una roca,

hasta volverla polvo.


Recuerdo sus mentiras,

la forma en que me dejaba fuera de su mundo,

cerrando puertas con cerrojos invisibles

mientras yo, ingenua, buscaba ventanas abiertas.


Y es como un balde de agua helada,

lanzado sin aviso en medio de una noche cálida:

nada va a cambiar.

El final ya estaba escrito

con tinta invisible sobre cada gesto que dolía.


¿Pero qué hago ahora con los sueños que bordé con sus hilos?

¿Con mis brazos, que todavía lo buscan en el vacío

como ramas extendidas al cielo esperando lluvia?



Solo me queda soltar.

Desatar los nudos.

Y aprender, aunque duela,

a abrazarme con la misma fuerza

con la que alguna vez lo amé a él.

Porque él nunca me amó.

Pero yo, yo puedo aprender a amarme

con toda la ternura que él me negó 

miércoles, 14 de mayo de 2025

El Origen del Cosmos: Diálogo entre las cosmogonías del Antiguo Oriente y el relato bíblico

 


Las cosmogonías del Antiguo Oriente Próximo constituyen un conjunto de relatos míticos que procuran explicar el origen del mundo tal como se conoce. Estos textos, cargados de simbolismo y significado cultural, buscan responder a una pregunta fundamental de la filosofía antigua: ¿Cuál es el principio – el arjé (αρχη) – del universo? En el contexto bíblico, las ideas cosmológicas suelen presentarse de manera indirecta, integradas en la cosmovisión de los autores sagrados y profundamente influenciadas por las culturas circundantes con las que Israel interactuó a lo largo de su historia. Por ello, el estudio de las cosmogonías mesopotámicas, egipcias y otras, permite iluminar elementos del relato bíblico de la creación a través de paralelos y contrastes significativos.

Este artículo tiene como propósito presentar, de manera panorámica, algunas de las cosmogonías más influyentes del Antiguo Oriente Próximo – con especial atención al poema babilónico Enuma Elish – y analizar su relación y diferencia con la concepción israelita de Dios y del origen del cosmos.

Una de las cosmogonías más destacadas es Enuma Elish, el relato de creación acadio-babilónico que narra el conflicto entre Marduk, deidad de la luz y el orden, y Tiamat, símbolo del caos primigenio y oscuridad. En esta epopeya, a la creación del mundo surge como resultado de una contienda violenta entre fuerzas adivinas. Marduk, tras vencer a Tiamat, organiza el cosmos y asigna un lugar a los cuerpos celestes – el sol, la luna y las estrellas – estableciendo así el calendario y el orden del tiempo. No obstante, es crucial destacar que estos astros no son creados por Mardukj, sino que ya existen como entidades divinas; su función en el cosmos es más de asignación que de creación ex nihilo.

En contraste, el relato bíblico de Génesis 1 presenta una visión radicalmente distinta: ñlos cuerpos celestes no solo son creados por Dios, sino que no reciben nombres propios, sino descripciones funcionales ("lumbreras mayores y menores"). Esta elección literaria parece intencionada, como una forma de desmitologización y una crítica explicita a la idolatría astral, como lo evidencian textos como Deuteronomio 4:19, prohíben la adoración del "sol, la luna, las estrellas y todavía el ejército del cielo".

La diferencia más profunda, sin embargo, radica en la teología subyacente. Mientras que Enuma Elish presenta una cosmogonía politeísta, producto de la lucha entre dioses, el texto bíblico proclama a un Dios único, soberano y eterno, que crea sin oposición, a partir de la nada (creatio ex nihilo). Esta ausencia de teogonía, es decir, de un relato del origen del propio Dios, refuerza su carácter eterno y trascendente. A su vez, el ser humano ocupa un lugar central en el relato bíblico: es creado a imagen y semejanza de Dios y se le otorga dominio sobre la creación. Esta dignificación contrasta fuertemente con las antropogonías mesopotámicas, como la del mito de Inuma Ilus, donde el hombre es creado para servir a los dioses, realizando las tareas que ellos desean evitar.

A pesar de estas diferencias, existen ciertos paralelismos interesantes. Uno de los más notables es el uso de la palabra como instrumento creador. En Génesis, Dios crea mediante su palabra ("Dijo Dios..."), un concepto que encuentra un eco parcial en la teología menfita del antiguo Egipto, donde el dios Ptah crea mediante el verbo y el pensamiento. Sin embargo, el Dios bíblico no emplea su palabra para originar otros dioses, sino para dar existencia al cosmos y al ser humano, reafirmando su unicidad y supremacía.

En conclusión, el estudio de las cosmogonías del Antiguo Oriente Próximo proporciona un marco indispensable para comprender la originalidad y profundidad del pensamiento teológico israelita en torno a la creación. Conocer el entorno cultural y religioso en el que surgieron los textos bíblicos permite identificar con mayor claridad las convergencias y divergencias entre Israel y sus vecinos. Comprender cómo se conceptualiza el universo (cosmología) y su origen (cosmogonía) resulta clave para entender la cosmovisión hebrea, en la cual el mundo no es fruto del azar ni del conflicto, sino de un acto deliberado, ordenado y soberano de un Dios personal y trascendente.

Por fin

  Hoy, por fin, tengo la fuerza para decir adiós. Hoy, por fin, aunque las lágrimas me nublen la vista, Puedo soltar a quien un día fue ...